Global geopolitical simulation of active conflicts as of March 2026.
The international order is organized around blocs that no longer coincide with the old Cold War borders: a Western alliance centered on NATO and its partners in the Middle East and Asia-Pacific; an informal axis between Russia, China, and Iran that shares weaponry, technology, and interests against the West; and a broad group of non-aligned states that avoids openly committing to either side. Several countries—Syria, Yemen, Sudan, Libya, Somalia, Afghanistan, DR Congo, Haiti—lack a government with effective control over their entire territory, leaving power vacuums occupied by militias, jihadist groups, or foreign powers. Iran is going through an open succession crisis following the death of its supreme leader, while its missile arsenal and regional allies (Hezbollah, the Houthis, Iraqi militias) remain operational despite recent bombings. The Strait of Hormuz, the Red Sea, and the Bab-el-Mandeb Strait concentrate much of the global economic risk, as any prolonged closure causes energy prices to spike. In the Sahel, military juntas backed by Russian instructors fight cross-border jihadist coalitions while the West loses influence in the region. In eastern DR Congo, a mining and ethnic conflict pits the Congolese Army against the M23, backed by Rwanda. In Venezuela, the capture of Maduro by U.S. forces has left a legitimacy vacuum that the opposition and the interim government are disputing under the watchful eye of the Southern Command. Since late February 2026, Pakistan and Afghanistan have also been waging an open war: Islamabad accuses Kabul of sheltering the Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) and has launched Operation Ghazab lil Haq against Taliban positions, while the Kandahar regime refuses to break with TTP fighters due to ideological affinity and fear that they might defect to the Islamic State-Khorasan.
On March 1, 2026, one day after the assassination of Iran's supreme leader in Operation Epic Fury, the world is going through one of its most unstable phases since the end of the Cold War. Ukraine is entering its third year of war against Russia. Sudan, the Sahel, eastern DR Congo, and Myanmar remain consumed by civil wars. Venezuela, two months after the fall of Maduro, is held by a fragile interim government watched over by Washington. No outcome is written yet.
Una orden militar de gran escala requiere una cadena de mando creíble: ningún general o comandante puede desplazar fuerzas nacionales sin autorización política de su gobierno, salvo que ejecute un golpe de estado. El cierre, total o parcial, del estrecho de Ormuz o de Bab-el-Mandeb por parte de Irán o los hutíes eleva de inmediato el índice del precio del petróleo y presiona a las potencias importadoras de energía. Un ataque directo contra una instalación energética de importancia estratégica (como la terminal de Ras Tanura, la isla de Kharg o la planta de Ras Laffan) tiene un efecto similar sobre el precio del petróleo, aunque más localizado y de recuperación más rápida que el cierre de un estrecho entero. Ningún actor con capacidad nuclear —Rusia, Estados Unidos, China, Israel, India o Pakistán— puede emplear armas nucleares sin desencadenar una respuesta internacional inmediata que reconfigura por completo el tablero geopolítico; cualquier enfrentamiento directo entre India y Pakistán, o cualquier episodio que ponga en duda el control del arsenal pakistaní durante su guerra con Afganistán, eleva de inmediato el riesgo de escalada nuclear. Los grupos armados no estatales (RSF, JNIM, ISWAP, los hutíes, Hezbolá, el M23, el TTP) dependen de rutas de suministro y santuarios transfronterizos: cortar esas rutas degrada su capacidad militar con el tiempo, mientras que perder el control de un paso fronterizo clave la reduce de inmediato; mientras el Emirato Islámico de Afganistán no actúe contra los santuarios del TTP en su territorio, Pakistán mantiene una justificación para operar militarmente al otro lado de la frontera. Un gobierno de transición sin legitimidad interna reconocida pierde el control de nuevas regiones con más facilidad que un gobierno establecido. Un país que cambia de bloque geopolítico pierde de inmediato buena parte del apoyo internacional que recibía de su bloque anterior, y solo recupera un nivel equivalente del nuevo bloque con el paso del tiempo. Un incidente naval o aéreo en el estrecho de Taiwán o el mar de China Meridional tensa la relación entre China y Estados Unidos y eleva la tensión geopolítica global, pero no equivale por sí solo a un estado de guerra entre ambas potencias. La ayuda humanitaria internacional es limitada: atender una nueva crisis a gran escala reduce la capacidad disponible para las crisis ya abiertas, y un aumento sostenido del flujo de personas desplazadas reduce aún más esa capacidad. Un gobierno de transición (Malí, Burkina Faso, Níger, Sudán o Venezuela) que posponga elecciones prometidas pierde legitimidad interna de forma progresiva; si las convoca y las gana, la recupera de golpe, y si las convoca y las pierde, se expone a perder el poder por vías no militares. Las sanciones económicas sobre Rusia, Irán o Venezuela se endurecen con cada escalada militar que protagonizan y se relajan solo mediante gestos diplomáticos verificables, nunca de forma automática con el tiempo. Un bloqueo prolongado del corredor de grano del mar Negro, o la pérdida de una cosecha en Sudán o el Sahel por la guerra, agrava la crisis de seguridad alimentaria global y reduce aún más la capacidad de ayuda humanitaria disponible. Las tropas norcoreanas desplegadas junto a Rusia refuerzan su capacidad militar en el frente a cambio de transferencia de tecnología a Corea del Norte, lo que a largo plazo también fortalece la posición negociadora de Kim Jong Un frente a sus propios vecinos. El Secretario General de la ONU puede proponer treguas o corredores humanitarios, pero su eficacia depende por completo de que las grandes potencias decidan respaldarlos: sin ese respaldo, sus llamamientos no tienen efecto mecánico directo. El control de las minas de cobalto de Kolwezi financia directamente a quien las controle en el conflicto del este de la RD Congo: si el M23 se hace con ellas, su capacidad militar y su acceso a apoyo internacional (a través de compradores externos) aumentan; si las recupera el gobierno congoleño, ese flujo se corta. La intensidad de la guerra cibernética crece con cada escalada militar entre las grandes potencias y puede usarse como alternativa de baja intensidad a la acción militar directa, especialmente entre Rusia, Estados Unidos, China e Irán. Una entidad con fatiga de guerra alta rinde por debajo de su capacidad militar nominal y es más vulnerable a un colapso repentino de su moral o de su legitimidad interna.